Santo Domingo: un nuevo liderazgo católico para una humanidad que se renueva

Del 26 al 29 de mayo de 2026, la Casa Arquidiocesana María de la Altagracia, en Santo Domingo, República Dominicana, acogió el I Encuentro Internacional de Escuelas de Líderes Católicos y Encuentro Regional de Obispos 2026, convocado por la Academia Internacional de Líderes Católicos bajo el lema “Nuevo liderazgo católico para una humanidad que se renueva”.


Foto: Miembros de la dirección de escuelas de líderes, Obispos de las Diócesis donde trabajan las Escuelas, miembros del Consejo Directivo y del Consejo Académico Internacional reunidos para una semana de trabajo sinodal en la Casa Arquidiocesana de la Altagracia en Santo Domingo.

Durante cuatro días, obispos, sacerdotes, directores de Escuelas de Líderes Católicos, académicos y líderes laicos provenientes de América Latina, Estados Unidos y el Caribe participaron en un espacio de reflexión, discernimiento, formación y comunión eclesial orientado a fortalecer la misión evangelizadora de la Iglesia en el mundo contemporáneo.

El encuentro reunió a destacadas autoridades eclesiales y académicas, entre ellas el cardenal Diego Padrón Sánchez, miembro del Consejo Directivo de la Academia Internacional de Líderes Católicos; Monseñor Tomislav Koljatic Maroevic, Obispo de Linares (Chile); Monseñor David Martínez de Aguirre Guinea, Vicario Apostólico de Puerto Maldonado (Perú); Monseñor Luis Miguel Romero Fernández, del Centro Católico Hispano de Rockville Centre (Estados Unidos); Monseñor Jorge Cuapio Bautista, Titular de la Diócesis de Iztapalapa; Monseñor Ramón Alfredo de la Cruz Baldera, Obispo de San Francisco de Macorís; el Padre Luis Martínez, director de la Escuela de Líderes Católicos de Valencia; el Padre Alejandro Ramos, miembro del Consejo Académico Internacional; el Padre Héctor Carabantes, párroco de Nezahualcóyotl; el Rev Padre Isaac García de la Cruz Rector de la UCNE, así como directores y representantes de escuelas provenientes de Bogotá, Soacha, Engativá, Ipiales, Lima, Nueva York, Chihuahua, Teotihuacán, Tlalnepantla, León, Nezahualcóyotl, Ciudad de México, Valencia, Asunción, y Linares. Asimismo, autoridades y funcionarios de SOMOS Community Care y Basilica Medical Management.

La sesión inaugural fue encabezada por el Dr. Mario Paredes, presidente de la Academia Internacional de Líderes Católicos, acompañado por Monseñor Manuel Antonio Ruiz de la Rosa, primer obispo de la Diócesis de Stella Maris en República Dominicana. Durante la apertura se destacó la necesidad de formar una nueva generación de líderes capaces de responder a los desafíos éticos, culturales, sociales y tecnológicos que enfrenta la humanidad.

Uno de los momentos más significativos del encuentro fue la presentación de la visión institucional de la Academia hacia el año 2030, realizada por Lara Bersano Calot, Directora Ejecutiva de la institución. En ella se compartieron los principales objetivos para fortalecer la red continental de Escuelas de Líderes Católicos y ampliar la formación de líderes comprometidos con la Doctrina Social de la Iglesia. Lara hizo un llamado especial con motivo de la publicación de la Encíclica del Papa León XIV «Magnifica Humanitas» a pensar que Academia de Líderes queremos crear, con que fines y objetivos a la Luz de los nuevos desafíos de la Humanidad.

Los Obispos presentes tuvieron jornadas de trabajo y discernimiento conjuntamente con el Presidente Del Consejo Directivo y del Consejo Académico Internacional

Las jornadas académicas incluyeron conferencias magistrales, paneles, talleres y espacios de trabajo colaborativo centrados en temas como la sinodalidad, la corresponsabilidad entre pastores y laicos, los desafíos antropológicos contemporáneos, la educación en tiempos de transformación digital, la transparencia eclesial y el papel de la Iglesia en la construcción del bien común.

Uno de los elementos más enriquecedores del encuentro fue el intercambio de experiencias entre las Escuelas de Líderes Católicos de distintos países. A través de paneles y presentaciones, las escuelas compartieron proyectos, metodologías y buenas prácticas que han permitido formar miles de líderes comprometidos con la transformación de sus comunidades. Las experiencias presentadas demostraron el impacto concreto de la formación inspirada en el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia en ámbitos como la participación ciudadana, el liderazgo juvenil, la formación política, la acción social y la evangelización.

El encuentro también permitió realizar talleres de análisis estratégico y diagnóstico de la realidad eclesial y social de los distintos territorios representados. A través de ejercicios FODA, conversaciones espirituales y espacios de discernimiento comunitario, obispos y directores de escuelas identificaron fortalezas, desafíos y oportunidades para fortalecer la misión de la Academia en los próximos años.

Especial relevancia tuvieron las conferencias impartidas por el Padre Luis Martínez sobre la encíclica Magnifica Humanitas y los desafíos de la antropología contemporánea; el panel sobre educación y liderazgo con Monseñor Tomislav Koljatic y Monseñor David Martínez de Aguirre; las sesiones de trabajo sobre digitalización y tecnología aplicadas a la educación; y la conferencia de clausura del cardenal Diego Padrón Sánchez sobre liderazgo católico para la paz como signo para la realidad de nuestro tiempo.

Uno de los momentos más emotivos de la reunión fue la celebración de la Santa Misa en la Catedral Primada de América, presidida por el cardenal Diego Padrón Sánchez. La Eucaristía contó con la participación de Monseñor Tomislav Koljatic Maroevic, Obispo de Linares; Monseñor David Martínez de Aguirre Guinea, Vicario Apostólico de Puerto Maldonado; Monseñor Luis Miguel Romero Fernández, del Centro Católico Hispano de Rockville Centre; Monseñor Jorge Cuapio Bautista, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México; el Padre Héctor Caravantes, párroco de Nezahualcóyotl; así como sacerdotes y responsables pastorales provenientes de Ipiales, Ciudad de México, Bogotá y Valencia. La celebración constituyó un profundo signo de comunión eclesial y de unidad continental en torno a la misión evangelizadora de la Iglesia, en el corazón de la primera diócesis y la primera catedral del continente americano.

Misa de Cierre del I Encuentro Mundial de Escuelas de Líderes Católicos y Obispos Colaboradores que se realizó en la Catedral Primada de las Américas presidida por el Cardenal Diego Padrón.

Como resultado de los trabajos realizados y del crecimiento sostenido de la red continental de Escuelas de Líderes Católicos, durante el encuentro también se confirmó el avance de nuevas iniciativas de expansión en México. En este contexto, se anunció la próxima apertura e inicio de actividades de las Escuelas de Líderes Católicos de Guanajuato y Hermosillo, que estarán bajo la coordinación de Luis Felipe Gutiérrez Gámez y Anna Baranzini, respectivamente. Ambas iniciativas representan un paso importante en el fortalecimiento de la presencia de la Academia Internacional de Líderes Católicos en México y en la consolidación de espacios de formación para líderes comprometidos con la Doctrina Social de la Iglesia y el servicio al bien común.

Asimismo, se confirmó el nombramiento de Andrea Baray como Coordinadora Nacional de México a partir de junio de 2026. Desde esta nueva responsabilidad tendrá a su cargo el seguimiento, articulación, acompañamiento y fortalecimiento de las actividades desarrolladas por las distintas Escuelas de Líderes Católicos del país, promoviendo una mayor integración entre las escuelas existentes y apoyando la apertura de nuevas iniciativas formativas en el territorio mexicano. Su incorporación a esta función responde al crecimiento que ha experimentado la red mexicana y al compromiso de fortalecer la coordinación nacional para acompañar de manera más cercana a las comunidades locales durante esta nueva etapa de expansión.

La conferencia de clausura estuvo a cargo del cardenal Diego Padrón Sánchez, quien invitó a los participantes a asumir un liderazgo basado en el servicio, la paz y la esperanza. Sus palabras constituyeron un llamado a formar líderes capaces de responder a los desafíos del presente sin perder de vista la centralidad de Jesucristo y el compromiso con los más vulnerables.

Desde Santo Domingo, primera sede de la evangelización en América, la Academia Internacional de Líderes Católicos renovó su compromiso de seguir formando líderes para la Iglesia y la sociedad. El encuentro concluyó con una convicción compartida: América Latina necesita hombres y mujeres capaces de integrar fe, servicio, conocimiento y acción pública para contribuir a la construcción de una auténtica Civilización del Amor.

Como fruto de los trabajos realizados, los participantes aprobaron por unanimidad la Declaración de Santo Domingo sobre el Liderazgo Católico en América Latina. El documento ofrece un diagnóstico de la realidad actual del continente y plantea una visión renovada del liderazgo católico basada en la dignidad de la persona humana, la corresponsabilidad entre pastores y laicos, la formación integral, la participación activa de los laicos en la vida pública y el compromiso con el bien común.

La declaración reafirma que la política constituye una de las formas más elevadas de la caridad, que la formación de los laicos debe convertirse en una prioridad estratégica para la Iglesia, que las instituciones educativas católicas deben dialogar activamente con la cultura contemporánea y que el liderazgo del siglo XXI debe caracterizarse por la humildad, la transparencia y la capacidad de construir puentes en medio de sociedades fragmentadas.

La Declaración de Santo Domingo y los acuerdos alcanzados durante estos días constituirán una hoja de ruta para el trabajo de las Escuelas de Líderes Católicos durante los próximos años, fortaleciendo una red internacional comprometida con la formación de líderes al servicio del Evangelio, la Doctrina Social de la Iglesia y el desarrollo humano integral. El camino hacia 2030 ha comenzado, y Santo Domingo quedará en la memoria de los participantes como el lugar donde pastores y laicos renovaron juntos su compromiso de construir una Iglesia más sinodal, más misionera y más presente en los desafíos de nuestro tiempo.


DECLARACIÓN DE SANTO DOMINGO SOBRE EL LIDERAZGO CATÓLICO EN AMÉRICA LATINA

«Nuevo liderazgo católico para una humanidad que se renueva»

EXORDIO: DESDE LA MEMORIA HACIA LA PROFECÍA.

Nos encontramos en Santo Domingo, la ciudad que custodia las primicias de la evangelización en nuestro continente. Aquí, donde la cruz se plantó por primera vez en la tierra que los antiguos llamaron Quisqueya, nos hemos reunido bajo el lema: «Nuevo liderazgo católico para una humanidad que se renueva». Al contemplar las aguas del Caribe y caminar por las calles de la Zona Colonial, lo hacemos con el corazón de quien busca en las raíces la fuerza para los frutos del mañana.

América Latina atraviesa una crisis de identidad profunda. El futuro glorioso de una cristiandad institucionalizada parece desvanecerse ante el avance de un laicismo indiferente y una fragmentación social sin precedentes. Sin embargo, como nos recordaba el Documento de Aparecida, no estamos simplemente en una época de cambios, sino ante un auténtico cambio de época, una constatación que la reciente Carta Encíclica de S. S. León XIV, Magnifica Humanitas, ha venido a reafirmar en el entorno de las “nuevas cosas nuevas”.

Este momento histórico nos exige una reflexión audaz sobre el papel de la Iglesia en la esfera pública; no para recuperar privilegios del pasado, sino para servir mejor a una humanidad que sufre. Nuestra presencia aquí, en la República Dominicana, simboliza ese retorno al origen para proyectarnos con renovada energía hacia el 2030, integrando la riqueza de la Doctrina Social con la realidad de nuestros pueblos.

I. EL DIAGNÓSTICO DE UNA REALIDAD HERIDA: LA MIRADA DE LA DSI

La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) nos enseña que el análisis de la realidad debe partir siempre de la dignidad inalienable de la persona humana. Al observar el mapa actual de América Latina, nos encontramos con un panorama de sombras de un mundo cerrado, como describe el Papa Francisco en Fratelli Tutti. La región sigue siendo la más desigual del planeta, una herida abierta que contradice el plan creador de Dios sobre el destino universal de los bienes. La economía actual, a menudo, es una economía que mata, porque excluye al ser humano del centro para colocar el beneficio financiero como fin absoluto.

En nuestras naciones, la polarización política ha dejado de ser un debate de ideas para convertirse en un enfrentamiento de identidades que destruye la amistad social. Este fenómeno se ve agravado por la revolución digital. Si bien la tecnología es un don, estamos asistiendo a una colonización ideológica a través de los algoritmos que refuerzan prejuicios y eliminan el matiz necesario para la búsqueda de la verdad. La desinformación y la posverdad no son solo problemas técnicos, sino crisis éticas que erosionan la confianza en las instituciones y en la misma noción de bien común. Sufrimos, además, una crisis de esperanza: las nuevas generaciones, asediadas por la falta de oportunidades y el vacío existencial, buscan respuestas en paraísos artificiales o caen en la apatía. Es en este escenario donde el liderazgo católico debe emerger como un faro de integridad, humildad y caridad política.

II. LA HORA DE LA CORRESPONSABILIDAD: MÁS ALLÁ DEL CLERICALISMO.

La Iglesia en América Latina ha sido históricamente una Iglesia de pastores valientes, y hoy más que nunca, reafirmamos el valor de la jerarquía eclesial. El servicio de los obispos es fundamental para garantizar un acompañamiento efectivo a los fieles siguiendo el mandato apostólico y la comunión de todos los que somos hermanos. Son nuestros obispos y pastores quienes deben ser centinelas del mañana y de la obra de la Iglesia, Madre y Maestra. Sin embargo, la fidelidad a este servicio hoy pasa por abrir caminos de participación real. Reconocemos con dolor que el clericalismo sigue siendo un obstáculo que asfixia el dinamismo del Pueblo de Dios, tratando a los laicos como actores secundarios o meros ejecutores de órdenes.

Como proclamó San Juan Pablo II en Christifideles Laici, los fieles laicos están llamados por el bautismo a una misión única: santificar las estructuras del mundo desde dentro. No se trata de clericalizar a los laicos, sino de que ellos asuman su rol profético en la política, la economía y la cultura. La sinodalidad, que el Papa Francisco nos pidió vivir con urgencia, debe ser uno de los elementos fundamentales que nos convoque y que nos hable de una Iglesia donde el diálogo y la transparencia sean la norma, y la participación de los laicos sea fundamental. Es la hora de una corresponsabilidad efectiva, donde el consejo de los laicos sea escuchado y valorado, no por concesión, sino por derecho eclesiológico. El futuro de la fe en nuestro continente depende de nuestra capacidad para formar líderes que, movidos por el Espíritu, sean fermento de justicia en medio de las realidades temporales; laicos acompañados y apoyados por una red eclesiástica que los anime a servir a la sociedad.

III. LAS UNIVERSIDADES Y EL RETORNO A LA VERDAD INTEGRAL.

Las instituciones educativas y universitarias en América Latina enfrentan un desafío existencial. Muchas han caído en la tentación del funcionalismo, convirtiéndose en centros de capacitación técnica que producen profesionales competentes pero ciudadanos éticamente huérfanos. La educación católica debe ser, por definición, una educación integral. Como señalaba la constitución apostólica Ex Corde Ecclesiae, la universidad debe ser un espacio donde la fe y la razón dialoguen sin miedos para alcanzar una comprensión más profunda del hombre y del mundo.

Hacemos un llamado a que nuestros espacios de formación vuelvan a ser laboratorios de verdad. No podemos permitir que la educación se reduzca a la transmisión de datos; debe ser una iniciación en el arte de vivir y de servir. El retorno al origen significa recuperar la pasión por la justicia social desde la cátedra. Las universidades deben ser los lugares donde se piense el futuro de América Latina desde la Doctrina Social de la Iglesia, proponiendo modelos económicos alternativos y soluciones políticas que superen la demagogia. Formar líderes católicos hoy implica darles un pensamiento crítico capaz de desarmar los discursos de odio y de proponer, en su lugar, una cultura del encuentro que reconozca en el otro, especialmente en el pobre y el excluido, a un hermano.

IV. DESDE SANTO DOMINGO:

  • Considerando que el mundo ha pasado por transformaciones que han alterado la esencia de la convivencia humana, y que América Latina sufre hoy las consecuencias de un desarrollo sin alma;
  • Reconociendo que la fe en Jesucristo es la roca sobre la cual se ha edificado la identidad de nuestros pueblos y que su mensaje sigue siendo la respuesta más profunda a los anhelos de justicia y paz;
  • Aceptando el llamado del Magisterio a vivir una Iglesia en salida, sinodal y transparente;

NOSOTROS, LÍDERES Y PASTORES REUNIDOS EN ESTA TIERRA PRIMADA, DECLARAMOS:

  1. Declaramos que la política es una de las formas más altas de la caridad y que los católicos no podemos ausentarnos de ella por miedo a la corrupción, sino que debemos entrar en ella para purificarla con el testimonio de la ética.
  2. Declaramos que la formación del laico es la prioridad estratégica de nuestra Iglesia. No habrá transformación social sin cristianos que conozcan y vivan la Doctrina Social en sus puestos de trabajo y responsabilidades públicas.
  3. Declaramos que nuestras instituciones educativas deben abandonar cualquier autorreferencialidad para convertirse en puentes de diálogo con la cultura contemporánea y la ciencia.
  4. Declaramos nuestra opción preferencial por los pobres, no como una ideología, sino como una exigencia del Evangelio que nos obliga a denunciar las estructuras de pecado que generan miseria.
  • Declaramos que el liderazgo católico del siglo XXI debe caracterizarse por la humildad en el servicio, la transparencia en el obrar y la audacia en el proponer nuevas vías de desarrollo humano y ambiental.

V. HACIA UNA CIVILIZACIÓN DEL AMOR

Al concluir este encuentro, nuestra mirada se dirige al futuro con una esperanza activa. El camino hacia el 2030 está lleno de incertidumbres, pero también de oportunidades divinas. El futuro de nuestra Iglesia no se encuentra en el retorno a una cristiandad de poder, sino en la construcción de una comunidad sinodal de servicio. Estamos llamados a ser una Iglesia que, como el Buen Samaritano, se inclina ante las heridas de la humanidad que se renueva en medio del dolor.

Desde Santo Domingo, enviamos un mensaje de fortaleza a todas las Escuelas de Líderes Católicos, a todas las diócesis de nuestra América y a todas las personas de buena voluntad. La misión de todos es vital: ustedes son los semilleros de los nuevos servidores humildes y dispuestos que América Latina necesita. No tengan miedo de ir contracorriente, de buscar la verdad por encima del aplauso y de amar la justicia por encima del éxito personal.

Que la Virgen de la Altagracia, Protectora de este pueblo dominicano, nos acompañe en este caminar, para que cada una de nuestras acciones contribuya a la edificación de esa Civilización del Amor por la que tantos santos y mártires de nuestra tierra entregaron su vida.

Dado en Santo Domingo, República Dominicana, a los primeros días de mayo de 2026

DECLARANTES:

(firma de todos los presentes en el Primer Encuentro Mundial de Escuelas de Lideres Católicos y Obispos colaboradores)