Queridos miembros de nuestra comunidad académica, queridos directores, formadores, estudiantes y colaboradores de las Escuelas de Líderes:
Con profundo agradecimiento a Dios y con un renovado espíritu de esperanza, nos disponemos a iniciar un nuevo Año Académico en nuestras Escuelas de Líderes, distribuidas en distintos países y realidades del continente. Algunas ya han comenzado o comenzarán en breves su camino formativo; otras con el espíritu de
buscar la perfección para la gran misión de nuestra Academia están en formación de sus programas. A todos les saludo en el inefable amor del Dios que nos llama a servir en el amor, unidos en una misma inspiración y un mismo objetivo.
El inicio de un nuevo año académico no es solo una fecha en el calendario. Es, ante todo, una oportunidad providencial para volver a poner el corazón en lo esencial: nuestra vocación de líderes cristianos, llamados a servir con humildad, discernimiento y compromiso a la Iglesia y a la sociedad. Venimos de un año fructífero, marcado por esfuerzos generosos, aprendizajes profundos, cambios en nuestra forma de ver y trabajar y frutos visibles en muchas comunidades. Damos gracias por todo lo sembrado, aun sabiendo que mucho de lo más valioso crece en silencio.
Este nuevo ciclo nos invita a mirar hacia adelante con esperanza y regocijo. No ignoramos los desafíos de nuestro tiempo: la fragilidad de los vínculos sociales, la polarización, el cansancio espiritual, la incertidumbre que atraviesa a tantas personas y pueblos, la pobreza, el narcotráfico y otras muchos problemas sociales y políticos. Precisamente por ello, la formación de líderes con raíces evangélicas sólidas y mirada pastoral lúcida se vuelve más necesaria que nunca. No se trata solo de adquirir competencias o conocimientos, sino de dejarnos formar integralmente, como personas capaces de escuchar, acompañar, construir puentes y generar procesos de bien
común.
El liderazgo católico que promovemos no nace de la ambición ni del protagonismo, sino del servicio fiel y alegre. Es un liderazgo que se deja interpelar por la realidad, que discierne a la luz del Evangelio y que actúa con valentía y misericordia. Un liderazgo que sabe trabajar en comunión, valorar la diversidad de carismas y caminar
con otros, especialmente con los más vulnerables.
A quienes inician o continúan este camino formativo, los animo a vivir este año académico con espíritu abierto, con disciplina interior y con confianza en la acción del Espíritu Santo. Que cada clase, cada encuentro, cada diálogo y cada desafío sea ocasión de crecimiento humano, espiritual e intelectual. Que no perdamos nunca la
alegría de aprender ni la pasión por servir.
Confiamos este nuevo año a Dios, pidiéndole que bendiga a cada escuela, a cada equipo formador y a cada estudiante. Que María, Madre y Maestra, nos acompañe en este camino y nos enseñe a custodiar la esperanza incluso en medio de las dificultades.
Con mi cercanía y oración por cada uno de ustedes, les deseo un muy buen inicio de año Académico, lleno de sentido, fecundidad y renovado compromiso al servicio del Reino.
Con afecto fraterno,
Mario J. Paredes.
Presidente de la Academia Internacional de Líderes Católicos.