SANTA MARÍA DE GUADALUPE: DIMENSIÓN UNIVERSAL DE UN ACONTECIMIENTO DE GRACIA

Querido Mons. Romuald Kaminski

Obispo de la Diócesis de Varsovia-Praga

Querido Padre Przemyslaw

Queridos amigos y amigas:

Me alegra mucho poder visitar Varsovia para la inauguración de esta capilla dedicada a la Virgen Santa María de Guadalupe. Hace casi cuatro años comencé a trabajar en la Santa Sede por invitación del Papa Francisco en la Pontificia Comisión para América Latina, que es un organismo al interior del Dicasterio para los obispos. El Papa Pío XII a mediados del siglo XX, se dio cuenta que muy pronto la mitad de la Iglesia católica estaría en América Latina. Por eso, decidió crear varios organismos para animar y servir al Pueblo de Dios en aquellas tierras. Uno de estos organismos es justamente la Pontificia Comisión en la cual soy secretario.

A través de los años, y de los distintos pontífices, la Iglesia ha mostrado un singular interés en las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac. Actualmente no sólo se celebra su milagrosa aparición en México y en América Latina, sino que cada 12 de diciembre el Papa celebra la fiesta de la Virgen de Guadalupe en la Basílica de San Pedro, frente a los representantes de todas las naciones del continente americano, y a numerosos fieles de todas partes del mundo.

¿Qué significa esto? ¿Por qué la Iglesia le ha dado una importancia creciente a la Virgen de Guadalupe? ¿Qué importancia puede tener en Polonia una capilla dedicada a esta advocación, aparentemente lejana?

  1. Un acontecimiento de gracia

Estas y otras preguntas similares pueden ser respondidas desde distintos enfoques. Su servidor no busca ofrecer de ninguna manera una explicación exhaustiva. Al contrario, sólo me atrevo a compartir una breve meditación que me nace del fondo del corazón.

La fe cristiana no es un hallazgo filosófico o una convicción ética al modo de las propuestas humanistas que nacen de las diversas religiones precristianas. Esto no significa que no posea una dimensión racional o una implicación moral. Lo que quiero subrayar es que el don de la fe surge a partir del encuentro con una Persona viva, a partir de la cual, la vida queda reorientada. Mientras no hay encuentro con la persona viva de Jesús, mientras no verificamos que El esta vivo de verdad, el discurso cristiano corre el riesgo de ser reducido a una mera propuesta de “valores”. Siempre es oportuno recordar aquel pequeño pasaje de la Encíclica Deus caritas est, de Benedicto XVI, y que al Papa Francisco tanto le gustaba:

“Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, queda un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.”1

Estas breves líneas lo que buscan afirmar es que la Persona viva de Jesús no puede ser reducida o sustituida por ninguna propuesta abstracta, por interesante que sea. Lo que mueve y conmueve el corazón no es un discurso teórico sino la experiencia de un Amor verdadero que se hace encuentro. Lo que produce la “metanoia”, el cambio de mentalidad que llamamos “conversión”, es experimentar la irrupción del Amor de Dios que se inclina ante nuestra miseria, ante nuestra nada, y nos abraza incondicionalmente.

En otras palabras, el anhelo más profundo de nuestro corazón: encontrar un Amor que siempre permanezca y que nunca nos defraude, sólo se cumple en Jesucristo.

El cristianismo, desde este punto de vista, es entonces siempre una gracia, es decir, un “Acontecimiento” (Ereignis): nuestra vida transcurre con la normalidad de todos los días hasta que, ¡de repente!, Alguien nos intercepta sorpresivamente superando nuestras expectativas más elevadas.

Justamente un cristianismo así, una penetración sorpresiva de Dios en la Historia de este tipo, es con lo que se encontraron los primeros discípulos de Jesús hace dos mil años, y con lo que se encontraron los habitantes del “nuevo mundo” en el año de 1531, en el lejano cerro del “Tepeyac”.

2. Los acontecimientos en torno a 1521

Como todos ustedes saben, en 1492 se descubrió el “nuevo mundo”. A partir de ese momento surgió el “occidente del occidente”, es decir, un nuevo territorio, un nuevo conjunto de pueblos, que gradualmente “descentraron” a Europa respecto de sí misma.

A finales del siglo XV, los pueblos americanos vivían su propia historia, tenían sus propias formas de organización social, hablaban lenguas desconocidas, y creían en dioses totalmente extraños para la mentalidad europea.

Por su parte, la corona española y la corona portuguesa pensaban que la única forma de compartir la fe cristiana era afirmarla a través de la espada. El encuentro de estos dos mundos rápidamente se transformó en un choque cultural y religioso que asumió un perfil violento y destructor.

Digamos esto de otra manera: a pesar de las muchas diferencias, el mundo europeo y el mundo de las culturas precolombinas, coincidían en creer que la fuerza era el instrumento más importante para proclamar la verdad. Conforme los europeos comenzaron a explorar el nuevo mundo, el conflicto surgió y en el año de 1521, las fuerzas militares españolas, aliadas con algunas comunidades indígenas, conquistaron la capital del impero azteca, llamada “Tenochtitlán”.

“Tenochtitlán” era una ciudad que flotaba sobre un enorme lago. Para comprender sus dimensiones vale la pena recordar que Venecia en esas mismas fechas tenía 7 km cuadrados de extensión y una población aproximada de 100 mil habitantes. “Tenochtitlán”, por su parte, tenía cerca de 20 kilómetros cuadrados de superficie urbana y 300 mil habitantes. Si tomamos en cuenta la población de todo el Valle de México, es decir, el Valle donde se encontraba la ciudad de la que hablamos, la población ascendía a un millón de habitantes.

En el centro de Tenochtitlán había una pirámide de 45 metros de altura y 80 metros lineales en cada lado de la base. Esta pirámide no sólo simbolizaba el poder religioso y político del Imperio. De alguna manera era el “centro del cosmos” existencial y cultural de los indígenas. Por esta razón, el “Templo mayor” fue destruido tras la conquista. En el lugar que ocupaba, se edificó, poco a poco, la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.

Como se podrán imaginar la muerte y la destrucción fueron enormes. Durante los diez años subsiguientes diversas enfermedades diezmaron a la población. Los expertos reconocen que lo que sucedió fue el mayor colapso demográfico que ha existido en el continente americano a lo largo de su historia. De un millón de habitantes en el Valle, la población disminuyó a 300 mil personas. En la zona urbana llamada “Tenochtitlán” se calcula que quedaron solamente 30 mil habitantes, tomando en cuenta la población tanto indígena como española recién llegada. 2

El ”centro del cósmos” había sido demolido. La población indígena se preguntaba: “¿Hemos sido abandonados por los dioses?” “¿Dónde está la vida? ¿A quién podemos confiar el corazón?”3 El desconcierto, la depresión y el resentimiento contra las fuerzas invasoras eran muy profundos.

La corona española por su parte, era heredera de la teología política de su tiempo. Los reyes creían que la forma adecuada de “ayudar” a la Iglesia era gobernándola. Así es cómo se explica que los reyes, y no el Papa, son quienes deciden enviar a frailes franciscanos a evangelizar el “nuevo mundo”.

Los resultados de los primeros esfuerzos fueron muy limitados. La formula de evangelizar destruyendo, no resultó precisamente exitosa. Aún así hay que reconocer que el testimonio de vida de los frailes era realmente ejemplar. De hecho, los indígenas los admiraban por su austeridad y coherencia. Sin embargo, la admiración ética y ascética no lograba suscitar grandes conversiones. Muy pocos se interesaban en la fe cristiana.

3. El milagro del Tepeyac en 1531

Es en este contexto de desconcierto al interior del mundo indígena y de imposición violenta que definía el estilo de acción del conquistador español, que sucede algo que nadie esperaba. Del 9 al 12 de diciembre de 1531, la Virgen María se aparece a un humilde indígena convertido a la fe cristiana, llamado Juan Diego Cuauhtlatoatzin.

El relato de estas apariciones marianas se encuentra en un documento llamado Nican Mopohua. En este breve texto, de sólo 16 páginas, se narra en idioma nahuatl todo lo que fue sucediendo, y que lamentablemente no podemos detallar aquí.

Baste decir que san Juan Diego, al pasar por el cerro del Tepeyac el día 9 de diciembre de 1531, oyó un canto de los pájaros que acompañaba a una melodía muy suave. Vio un arcoiris en el cielo y la voz de una mujer que le dijo con gran cariño: “Juanito, ¿a dónde vas?”.4 Postrado ante Ella, san Juan Diego le respondió que iba a la ciudad de Tlatelolco, ante lo cual la Señora del cielo le dijo:

“Ten por cierto hijo mío, el más pequeño, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por Quien se vive.” 5

Habiendo dicho esto, le pidió llevar un mensaje al obispo de México, solicitándole que se le construyera una “casita sagrada” donde Ella daría auxilio y protección a todos los habitantes de las nuevas tierras americanas.

San Juan Diego obedeció y fue con el obispo, el cual le pidió que regresara otro día para escucharlo con más calma. Al regresar, san Juan Diego, se encuentra por segunda vez con la Virgen María y le dice que no tuvo éxito en su encomienda, por lo que le suplica enviar a alguna otra persona de mayor jerarquía. El era un indígena pobre, sin rango social alguno. La Virgen le responde que es él el escogido para realizar esta tarea.

El domingo 10 de diciembre san Juan Diego regresa al palacio episcopal. El obispo muestra más interés pero le pide a san Juan Diego una “prueba” que demuestre la veracidad de sus dichos. Cuando Juan Diego se retira, el obispo envía a algunos de sus sirvientes a seguirlo para obtener más información, lo que nada le sirve, ya que lo pierden de vista.

Al llegar a la cumbre del cerro del Tepeyac, san Juan Diego le cuenta a la Virgen lo sucedido y Ella acepta dar una prueba el día siguiente. Sin embargo, san Juan Diego no asiste a la cita del día 11 de diciembre con la Virgen debido que tenía que atender a su tío Juan Bernardino, que se encontraba gravemente enfermo.

En la madrugada del día 12 de diciembre, san Juan Diego desconsolado por la gravedad de la enfermedad de su tío, decide ir a buscar a un sacerdoe para ayudarlo a bien-morir.
Al pasar por el cerro del Tepeyac, decide evitar a la Señora del cielo, y toma otra vereda. Sin embargo, la Virgen Santísima lo intercepta y le pregunta:
“Hijo mío, el más pequeño: ¿a dónde vas?” 6

San Juan Diego avergonzado explica su preocupación, ante lo cual la Virgen María responde con las palabras más trascendentes de todo su mensaje:

“Escucha, pónlo en tu corazón, hijo mío, el más pequeño:
que no es nada lo que te espanta, lo que te aflige.
Que no se perturbe tu rostro, tu corazón,
no temas esta enfermedad ni ninguna otra,
ni ninguna otra cosa que te aflija.

¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?
¿No estás bajo mi sombra y resguardo?
¿No soy yo la fuente de tu alegría?
¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos?
¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?” 7

Posteriormente la Virgen le dirá a san Juan Diego que su tío ya está curado. Ella le pide que suba al cerro del Tepeyac a recoger unas flores que deberá llevar al obispo a modo de señal para que crea. San Juan Diego recoge las flores y las envuelve en su “tilma”, es decir, en la capa que portaba.

Al llegar a la casa del obispo, lo espera por largo rato. Cuando por fin, Fray Juan de Zumárraga lo recibe, despliega su tilma para mostrar las flores y aparece la imagen milagrosa estampada sobre la tela. El obispo queda totalmente asombrado y se arrodilla.
No hay rosas en la punta del cerro del Tepeyac y menos en diciembre. Pero lo más impresionante es que la imagen no tiene trazos de pintura sino que los colores emergen de algún modo de la propia tela.

“El obispo, con llanto, con tristeza, le pidió perdón por no haber realizado su
voluntad de inmediato”. 8

San Juan Diego, poco después, fue a ver a su tío quien le narró que la Virgen lo había curado. A partir de este momento, comenzaron a suceder numerosos milagros de curación, tanto entre la población indígena como en la española. Muy rápidamente la imagen de la Virgen María, eclipsando al Dios-sol indígena, y pisando una luna negra con sus pies, fue identificada como potente protectora incluso contra los demonios.

Sin embargo, tal vez el milagro más impresionante por sus proporciones y por sus efectos en el corto y en el largo plazo fue que las primeras familias mestizas comenzaron a constituirse y lo hicieron como familias cristianas. En otras palabras, dos pueblos profundamente enemistados y fracturados, comenzaron a vivir un proceso de reconciliación social a causa del encuentro con Jesucristo a través de María. A partir de este hecho empírico emergió una enorme y nueva síntesis cultural que hoy llamamos América Latina.

4. ¿Qué podemos aprender de este “acontecimiento”?

El proceso de evangelización, y la reconciliacion social que se operaron gradualmente a partir de 1531, no son hechos menores. La importancia de ello no solo se puede advertir recordando que el 48% de la Iglesia católica a nivel mundial en la actualidad se encuentra en América Latina, sino entendiendo el significado profundo del mensaje guadalupano.

En otras palabras, es fácil que narrando las cosas así como lo hemos hecho hoy, parezca que hablamos simplemente de una bonita advocación mariana procedente de una tierra remota. En otras palabras, es muy fácil pensar que el significado de María de Guadalupe se agota en ciertas coordenadas geográficas (América) y en una historia importante pero lejana para Polonia o para la Europa de nuestro tiempo.

Sin embargo, en nuestra opinión el mensaje de la Virgen de Guadalupe posee una dimensión universal, es decir, nos recuerda cosas que todos debemos tener presentes, sin excepción.

Esto lo podemos comenzar a advertir cuando descubrimos algunas “pistas” providenciales. Menciono tres pistas:

  • El 11 de mayo de 2005, el Papa Benedicto XVI bendice una estatua de la Virgen de Guadalupe en los jardines vaticanos. Al momento de hacer la oración dice:

“Santa María, que bajo la advocación
de Nuestra Señora de Guadalupe
eres invocada como Madre
por los hombres y mujeres
del pueblo mexicano y de América Latina,
alentados por el amor que nos inspiras,
ponemos nuevamente
en tus manos maternales nuestras vidas.
Tú que estás presente
en estos jardines vaticanos,
reina en el corazón
de todas la madres del mundo
y en nuestros corazones.
Con gran esperanza,
a ti acudimos y en ti confiamos”.

  • El 25 de marzo de 2022, el Papa Francisco consagra a Rusia y a Ucrania al corazón inmaculado de María. En la oración de consagración el Santo Padre dice:

“En la miseria del pecado, en nuestros cansancios y fragilidades, en el misterio de la iniquidad del mal y de la guerra, tú, Madre Santa, nos recuerdas que Dios no nos abandona, sino que continúa mirándonos con amor, deseoso de perdonarnos y levantarnos de nuevo. Es Él quien te ha entregado a nosotros y ha puesto en tu Corazón inmaculado un refugio para la Iglesia y para la humanidad. Por su bondad divina estás con nosotros, e incluso en las vicisitudes más adversas de la historia nos conduces con ternura. Por eso recurrimos a ti, llamamos a la puerta de tu Corazón, nosotros, tus hijos queridos que no te cansas jamás de visitar e invitar a la conversión.
En esta hora oscura, ven a socorrernos y consolarnos. Repite a cada uno de nosotros: “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”.

  • El 12 de diciembre de 2031 se celebrará el quinto centenario de las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Providencialmente esta fecha se encuentra muy próxima a la conmemoración del segundo milenio de la Redención en 2033. El Papa Francisco, con esta perspectiva, el 12 de diciembre de 2022 nos convocó a participar en el Novenario “Intercontienental” Guadalupano. La expresión “intercontinental” nos invita sutilmente a ir más allá de las fronteras americanas para descubrir la dimensión universal de este mensaje mariano.

Estas “pistas” nos obligan a comenzar a hacer el esfuerzo por comprender la dimensión universal del acontecimiento guadalupano. A través de la imagen, del mensaje y de la acción que Santa María de Guadalupe realiza en san Juan Diego y en el pueblo americano, podemos al menos cinco cosas importantes que rebasan por mucho la realidad meramente “americana”:

  • MARIOLOGÍA CRISTOCÉNTRICA: El primer lugar, el mensaje de la Virgen de Guadalupe a san Juan Diego anuncia nítidamente al Hijo de Dios como único redentor de la humanidad. Ella no se propone tácita o explícitamente como el centro sino como camino hacia su Hijo. María de Guadalupe está embarazada, es la Virgen del adviento.
    Ella se une a la entrega de su Hijo en la Cruz entregándonos a su Hijo constantemente. Esto quiere decir que Guadalupe es la afirmación de una mariología radicalmente cristocéntrica, en la que lo importante es Aquel que nos ha de salvar a todos.

  • EVANGELIZACIÓN INCULTURADA: la imagen y el mensaje del Tepeyac asumen sin destruir los lenguajes, símbolos y mentalidad de las comunidades prehispánicas. De esta manera, Guadalupe nos recuerda la lógica de la encarnación que es el corazón para entender la evangelización inculturada. “Evangelización inculturada” no se refiere sólo a formas de inculturación realizadas en el pasado sino a las formas de inculturación que es preciso realizar en el presente y en el futuro. De este modo, la Virgen de Guadalupe nos educa a apreciar nuestra propia cultura, nuestra propia historia y también todo lo verdadero, bueno y bello de la nueva sociedad adveniente.
    El evangelio está llamado a encarnarse también en las nuevas culturas juveniles, siguiendo siempre el antiguo principio de san Ireneo: “lo que no es asumido, no es redimido”. Bajo esta luz, lo esencial del mensaje guadalupano no es “extender la devoción guadalupana” y mucho menos bajo formas “mexicanas” o “latinoamericanas”, sino redescubrir la forma cómo Jesucristo ha sido anunciado a través de María en la cultura y el lenguaje de cada pueblo y nación del mundo. Esto implica redescubrir el significado de las propias advocaciones marianas y su papel en la configuración no sólo de la espiritualidad personal sino de la identidad nacional y eclesial de cada pueblo.

  • OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS MÁS “PEQUEÑOS”: san Juan Diego es un fiel laico indígena marginal que es escogido por María para cumplir una misión extraordinaria.
    Dios no escoge lo más fuerte, lo más sabio, lo más rico, lo más influyente para la transformación del mundo y de la Historia. Escoge al “más pequeño”, al más pobre, al “último” de todos. En efeto, los más pobres nos evangelizan, porque en su fragilidad, la acción teologal de Dios en sus almas, encuentra menos resistencia. En otras palabras, aquel se sabe pobre, impotente, incapaz, resulta instrumento más dócil y dispuesto, que aquel que cree saber, tener o poder. El Reino nace de un grano de mostaza, no de un proyecto estratégico para cambiar el mundo.

  • REIVINDICACIÓN DEL PAPEL Y LA DIGNIDAD DE LA MUJER EN LA EVANGELIZACIÓN: Los pueblos de América nacen desde una presencia femenina. Más aún, María es medianera de todas las gracias, porque la Gracia fundamental que es Jesucristo, nace de Ella. En Guadalupe podemos aprender que es verdad que existe un “principio mariano”, es decir, un principio carismático que anima a la Iglesia y que coloca, misteriosamente, a la mujer, a toda mujer, en un papel que hoy tenemos que descubrir con más claridad. La fuerza evangelizadora más importante en la Iglesia es la mujer, sin lugar a dudas. Sin las madres, las esposas y las consagradas, la Iglesia se vería reducida a prácticamente nada. Además, desde el punto de vista del Misterio de la gracia, toda la dimensión jerárquica de la Iglesia pasa por las manos de María. ¡Hasta las gracias sacerdotales pasan por las manos de la “llena de gracia”, y que por cierto, no es sacerdote! Tan sólo esto nos debería de invitar con suficiente fuerza a hacer una recuperación más profunda y plena del papel de la mujer en la vida de nuestras comunidades.

  • SINODALIDAD Y COMUNIÓN: san Juan Diego, fiel laico marginal, pero enviado por María, lleva la buena noticia al obispo. En otras palabras, ¡el laico evangeliza al obispo! El obispo, con todo derecho, pide un signo, y san Juan Diego, obedece. En esta circularidad una proto-experiencia de sinodalidad y comunión simultáneas se establece. La sinodalidad es la dimensión dinámica de la comunión. Si la comunión se afirma sin sinodalidad, fácilmente caemos en la tentación de creer que hay que responder como Iglesia de manera rígida y uniforme siempre. Si la sinodalidad se afirma sin comunión plena, se incurre en populismo eclesiástico. Comunión y sinodalidad son dos rostros del mismo misterio eclesial. Para aprender a ser y actuar como Iglesia sinodal es preciso mirar a María: Ella es “tipo”, “modelo” de la Iglesia. María es la Iglesia como esta debe de ser. 9

5. A modo de conclusión: María de Guadalupe es un “método”

Santa María de Guadalupe es un método para reaprender a madurar en la fe. La Virgen, a través del mensaje del Tepeyac, no nos amenaza con castigos, ni nos reprocha nuestro pecado. Con ternura y paciencia nos acompaña por el camino y nos recuerda que no es a pesar de nuestros límites que Dios actúa. Dios no actúa “a pesar” de nosotros sino a través de nosotros. Lo único que nos pide es reconocer esos límites con sencillez y ofrecernos totalmente cómo somos, a su Amor misericordioso, en cada eucaristía.

La madurez en la fe no se logra a través de un esfuerzo titánico de la voluntad o de un programa de superación humana. La madurez en la fe surge cuando aumenta nuestra conciencia de que somos hechos por Otro, que siempre nos sostiene y que nunca nos deja.
La Virgen María es la “madre” providencial de este proceso. Así es como Ella nos adoptay nos educa. Pidámosle con confianza a la Virgen de Guadalupe, que aprendamos a dejarnos educar y corregir por Ella. De esta manera, el milagro de conversión y de reconciliación que sucedió a partir de 1531 en América, puede volverse a repetir, de formas inéditas, también en otros pueblos y en otras culturas. No hay que perder la Esperanza. La vocación de nuestras familias y de nuestras naciones no es la polarización, la violencia y la fractura. El plan de Dios es otro. La Iglesia es sacramento de la unidad, del perdón y de la reconciliación traídas por Jesucristo a través de María. Con María el plan de Dios para la humanidad puede realizarse en nuestro interior y en el mundo entero.

Amén.

RODRIGO GUERRA LÓPEZ
SECRETARIO
PONTIFICIA COMISIÓN PARA AMÉRICA LATINA
E-MAIL: rodrigoguerra@mac.com


1. BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 1.
2. Entre otros, véase: N. SÁNCHEZ-ALBORNOZ, La población de América Latina: desde los tiempos precolombinos al año 2000, Alianza Universidad, Madrid 1973.
3. Estas expresiones provienen de los “cantos tristes” escritos por los aztecas tras la destrucción de la capital del Imperio. Para un contexto amplio de toda esta situación, véase: M. LEÓN-PORTILLA, MIGUEL, Visión de los vencidos: Relaciones indígenas de la conquista, UNAM, México 1959.
4. Nican Mopohua, n. 23.
5. NIcan Mopohua, n. 26.
6. Nican Mopohua, n. 107.
7. Nican Mopohua, n.n. 118-119.
8. Nican Mopohua, 187.
9. Cf. CONCILIO VATICANO II, Lumen Gentium, Cap. VIII.