
En la imagen aparecen, de izquierda a derecha: Francisca Echeverría, el Cardenal Fernando Chomalí, Cristian Núñez y Juan Pablo Faúndez.
El pasado 9 de octubre se realizó el XIV Congreso “Familia para Todos” en la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Chile, organizado por el Centro UC de la Familia y respaldado por diversas universidades e instituciones comprometidas con el fortalecimiento de la familia en el contexto actual. En esta significativa jornada, el presidente del Consejo Académico Internacional de la Academia Internacional de Líderes Católicos (AILC), el profesor Juan Pablo Faúndez, tuvo una destacada participación como moderador de uno de los paneles centrales, aportando desde su sólida experiencia académica y pastoral a la reflexión sobre los desafíos que enfrenta la familia en tiempos de profundas transformaciones culturales.
La apertura del Congreso estuvo a cargo del arzobispo de Santiago, cardenal Fernando Chomalí, quien ofreció una conferencia inaugural de gran profundidad, en la que destacó el valor insustituible de la familia como núcleo de resiliencia, identidad y esperanza para la sociedad contemporánea.
“¿Habrá algo mejor que saber que cada ser humano ha sido pensado por Dios desde toda la eternidad? ¿Habrá algo más maravilloso que reconocer que hemos sido creados para algo, que nuestra existencia tiene propósito?” Con estas palabras, el cardenal Chomalí inició una reflexión que entrelazó fe, dignidad humana y realidad social. Destacó que la verdadera felicidad no se encuentra en el reconocimiento público, sino en el servicio, en el dar y en el recibir con humildad. “Somos más felices cuando ocupamos el último lugar, no el primero”, afirmó.
El cardenal alertó sobre los efectos de los cambios culturales en la infancia, señalando que esta etapa es la base de toda la vida humana. Expresó su preocupación por los datos que muestran que en Chile nacen 125.000 niños al año, mientras que 146.000 ingresan a programas de protección, lo que evidencia una profunda crisis en el resguardo de la niñez.

El Cardenal Fernando Chomalí, en plena exposición durante su conferencia.
También abordó el impacto de la ciencia en la comprensión de la sexualidad y el matrimonio, denunciando la disociación entre ambos y el empobrecimiento del significado del cuerpo humano. Criticó políticas públicas que, según él, trivializan la sexualidad y despojan a los jóvenes de una visión integral de su afectividad.
Finalmente, recomendó la lectura del documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre la dignidad humana, que fue muy valorado por el papa Francisco, en el que se abordan las principales amenazas a la familia: pobreza, guerra, migración forzada, trata de personas, violencia contra la mujer, aborto, eutanasia y descarte de personas con discapacidad. “La doctrina social de la Iglesia tiene mucho que aportar. El primer drama en Chile es la pobreza, sin duda. Pero también lo es el miedo a formar familia en una sociedad hostil. Por eso, debemos hacer bella nuestra propuesta.”
Panel central de reflexión: “¿Por qué pensar la familia hoy? Signo de esperanza para la humanidad”
Tras la conferencia inaugural del cardenal Fernando Chomalí, se dio paso al panel central del Congreso. Este espacio de diálogo fue moderado por el profesor Juan Pablo Faúndez, presidente del Consejo Académico Internacional de la AILC, y contó con la participación de destacados académicos: el profesor Cristian Núñez, de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y la investigadora Francisca Echeverría, del Centro Signos de la Universidad de los Andes.
El panel se propuso como una instancia de reflexión interdisciplinaria a la luz de los desafíos contemporáneos que enfrenta la familia, abordando su rol como núcleo de contención, educación, espiritualidad y esperanza en medio de los cambios culturales y sociales.
En su introducción, el profesor Faúndez destacó el papel insustituible de la familia durante los tiempos de pandemia: “En ese complejo tiempo, la familia fue, sin duda, la célula fundamental de la sociedad. Con su presencia resiliente permitió que la humanidad siguiera adelante, asumiendo un rol de contención, cuidado, educación y emergencia espiritual. Nadie se hizo cargo durante meses, ni siquiera el Estado. La familia, por su propia naturaleza, ha sido siempre el núcleo cultural y moral de la sociedad.”
A partir de esta afirmación, el profesor Faúndez subrayó que la familia no solo es una institución social, sino una comunidad viva de amor y encuentro, llamada a ser fuente de esperanza concreta para el presente y el futuro de la humanidad. Citó al papa Francisco con el número 52 de Amoris Laetitia, recordando que: “La familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades vivas. En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave, porque se trata del lugar donde se aprende a convivir en la diferencia, a pertenecer a otros y donde los padres transmiten la fe a sus hijos.”
Desde esta perspectiva, el profesor Faúndez planteó que pensar la familia hoy no es una tarea meramente sociológica, sino un acto de responsabilidad humana que exige una mirada teológica, filosófica, política, jurídica, educativa y social. La familia, afirmó, sigue siendo el primer espacio donde se aprende el amor verdadero, la misericordia, la justicia, la ternura
y la fe vivida en lo cotidiano: “Este panel quiere abrir una reflexión esperanzadora y concreta sobre nuestra vida familiar, para proponer los desafíos de una nueva cultura. Queremos acoger juntos las luces que el Espíritu Santo sigue suscitando en medio de la Iglesia, para que nuestras familias, con su belleza, su fragilidad y su capacidad de resurgir, sean verdaderamente luz en medio de la sombra y signo profético de comunión y esperanza para el mundo.”
Cristian Núñez: La familia como espacio fértil para la espiritualidad en tiempos de inmanencia
El panel continuó con la intervención del profesor Cristian Núñez, académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, quien abordó la pregunta central del panel desde una perspectiva filosófica y espiritual.
Núñez inició su exposición reflexionando sobre el exceso de inmanencia en la sociedad contemporánea, marcada por la producción, el consumo y la información constante. Citando al filósofo surcoreano Byung-Chul Han, destacó que “más allá de la inmanencia de la producción y el consumo, existe una trascendencia que puede sacarnos de una vida desprovista de sentido y brindarnos la plenitud del ser”.
Desde esta premisa, el académico planteó que, incluso en una sociedad que no se considera religiosa, persiste en el ser humano un anhelo profundo de sentido, propósito y conexión. Esta dimensión espiritual, explicó, no depende únicamente del individuo, sino también del entorno que lo rodea. Y es ahí donde la familia cumple un rol insustituible: “La espiritualidad es una capacidad humana que se desarrolla en el vínculo con los otros, con la naturaleza y con Dios. Y el ambiente más propicio para ello es la familia, donde se cultiva la alteridad, la confianza y el silencio interior.”
Núñez compartió datos de una encuesta realizada en 2023 por la Universidad de los Andes, en la que el 60,6% de los encuestados afirmó que, ante una crisis emocional, recurría primero a su familia directa. Este dato, señaló, confirma que el núcleo familiar sigue siendo el espacio más adecuado para el desarrollo de una espiritualidad sana y auténtica.
También expresó su preocupación por el aumento de hogares unipersonales en Chile. Según el Censo 2024, más del 20% de los hogares están conformados por una sola persona, y se proyecta que para 2050 esa cifra superará el 33%. Esta tendencia, advirtió, dificulta el cultivo de vínculos profundos y de una espiritualidad que se nutre de la relación con otros: “Si ese núcleo no está, ¿dónde se va a dar ese terreno fértil para enfrentar una sociedad que nos presiona al éxito y al consumo? La familia es el espacio donde somos tratados por lo que somos, no por lo que hacemos o ganamos.”
Finalmente, el profesor Núñez subrayó que, más allá de las respuestas teológicas clásicas sobre la familia como “iglesia doméstica”, su aporte buscaba destacar que la familia es el lugar donde puede surgir una espiritualidad profunda, vivida en lo cotidiano: en el silencio compartido, en la fraternidad, en el contacto con la naturaleza y en la experiencia del amor gratuito.
Francisca Echeverría: Pensar la familia desde la universidad y la sociedad civil
La segunda intervención del panel estuvo a cargo de la investigadora Francisca Echeverría, académica del Centro Signos de la Universidad de los Andes, quien abordó la pregunta “¿Por qué necesitamos pensar en las familias hoy?” desde la experiencia universitaria y el trabajo interdisciplinario en ciencias sociales.
Echeverría comenzó destacando el rol de las universidades y centros de estudio como espacios privilegiados para una reflexión integral sobre la familia. Señaló que lo propio de la perspectiva universitaria —especialmente en instituciones católicas— es ofrecer un mirada reflexiva, abierta a la realidad, que transita entre la vida práctica y la teorización.
“Pensar la familia desde la universidad implica comprender su realidad concreta, en el contexto cultural y social en que vivimos, para contribuir a crear un ecosistema donde las familias puedan desarrollarse y florecer.”
Desde esta premisa, propuso tres ámbitos en los que las universidades y otras organizaciones pueden aportar a una comprensión profunda de la familia:
Comprensión del contexto social y cultural: Echeverría subrayó la importancia de estudiar los fenómenos que afectan a la familia, como los cambios culturales, las influencias intelectuales y las transformaciones sociales. Estos elementos constituyen el “terreno” en el que las familias crecen, y por tanto deben ser comprendidos para fortalecerlas.
Análisis de conceptos clave como la autonomía individual: Desde su especialidad en teoría política, la investigadora abordó cómo la noción moderna de autonomía —heredada de la Ilustración— ha permeado todos los ámbitos de la vida social, incluyendo la economía, la política y la protección social. Esta visión, centrada en el individuo, plantea desafíos
importantes para la vida familiar, que requiere vínculos, interdependencia y comunidad.
Construcción de un ecosistema favorable: Finalmente, Echeverría llamó a pensar en cómo generar condiciones sociales, culturales y políticas que permitan a las familias cumplir su rol de nutrición, formación y encuentro. Este ecosistema debe ser cultivado desde múltiples disciplinas y actores, reconociendo que la familia es una institución viva, dinámica y
fundamental para el bien común. “La tarea universitaria no es solo comprender, sino contribuir a crear las condiciones para que las familias puedan florecer. Esto exige una mirada integradora, abierta a la realidad y comprometida con la dignidad de cada persona.”

En la imagen aparecen, de izquierda a derecha: Juan Pablo Faúndez, Francisca Echeverría, el Cardenal Fernando Chomalí y Cristian Núñez
Una vez finalizadas las exposiciones de los panelistas, se abrió un espacio de preguntas e interacción con los asistentes, quienes tuvieron la oportunidad de profundizar en los temas abordados y compartir inquietudes desde sus propias experiencias familiares, académicas y pastorales. Finalizado el intercambio, se procedió al cierre del panel, agradeciendo a los expositores por su valiosa contribución.