X Diplomado Internacional de Líderes Católicos: “Peregrinos de la Esperanza”

El X Diplomado Internacional de Doctrina Social de la Iglesia, titulado El liderazgo católico de la esperanza, se celebró en Roma del 23 al 27 de octubre de 2025, como contribución de la Academia Internacional de
Líderes Católicos al camino espiritual del Jubileo 2025, convocado por Su Santidad el Papa Francisco mediante la bula Spes non confundit (2024) y continuado en su desarrollo pastoral por Su Santidad León XIV, al que
acompañamos en el inicio de su pontificado.
Bajo el lema Peregrinos de la Esperanza, este Año Santo invita a toda la Iglesia a renovar la confianza en Dios en medio de un mundo herido por la división, la guerra y la desesperanza. El programa de la Academia se
diseñó precisamente para acompañar ese espíritu jubilar, proponiendo una reflexión profunda sobre la esperanza como fundamento del liderazgo cristiano.

En la imagen: el Cardenal Diego Padrón preside el acto inaugural del X Diplomado Internacional.
Preparado durante septiembre con cuatro seminarios virtuales, el encuentro reunió en Roma a setenta participantes de doce países de América Latina, junto con un cuerpo docente de primer nivel eclesial y civil. Las jornadas fueron un espacio de comunión y discernimiento en el que convergieron el estudio, la oración y la fraternidad. Roma, con su carga espiritual y simbólica, permitió que el diplomado adquiriera el tono de una
peregrinación interior: más que un curso académico, fue una experiencia de conversión y compromiso.
A lo largo de cinco días en la Casa Fraterna Domus, las sesiones se articularon en torno a tres módulos: La realidad y la promesa de la esperanza, Fundamentos y caminos de la esperanza y La esperanza en acción. En ellos
se analizaron las raíces teológicas, filosóficas y culturales de esta virtud, así como sus implicaciones políticas y sociales. Las conferencias magistrales se apoyaron en los textos Spe Salvi, Caritas in Veritate, Dilexit Nos
y en la encíclica Spes non confundit, firmada por Francisco y asumida plenamente por León XIV como programa espiritual de su pontificado. En ella se recuerda que “la esperanza no decepciona porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones”, y se exhorta a la Iglesia a ser artesana de esperanza en una historia herida.
León XIV, al inicio de su ministerio, reafirmó ese mismo impulso al señalar que la esperanza no es ingenuidad ni refugio, sino compromiso activo con la historia; quien enseña y quien guía son custodios de un porvenir que no les pertenece, pero que deben preparar con humildad y valentía. Inspirados por estas palabras, los participantes reflexionaron sobre el papel del laico en la reconstrucción del tejido social, sobre el liderazgo como servicio y sobre la sinodalidad como método de discernimiento.

En la imagen: alumnos del X Diplomado Internacional se reúnen con el Cardenal Pietro Parolin en un encuentro significativo.
Las sesiones incluyeron clases, talleres, celebraciones litúrgicas y una peregrinación a la Puerta Santa en el Vaticano. Se compartieron testimonios de distintos países, se identificaron signos concretos de esperanza
y se elaboraron diagnósticos sobre los desafíos políticos y culturales de la región. El tono general fue de gratitud, comunión y renovada responsabilidad ante la misión de la Academia.
El balance del programa fue ampliamente positivo, pero también revelador. La presencia de numerosos egresados y líderes consolidados dio profundidad al diálogo, aunque evidenció la urgencia de un relevo
generacional. La Academia está llamada a ser un espacio de encuentro intergeneracional, intercultural y multidisciplinar. Al mismo tiempo, nos percatamos del deseo de la juventud de participar de estos programas, pero sometidos a la dificultad económica para hacerlo. El dato es contundente: la esperanza necesita también
medios. Si queremos sostener el carisma de la Academia, debemos abrir espacio y apoyo a las nuevas generaciones. Por ello, se propone fortalecer un fondo de becas y cooperación solidaria que permita incorporar cada año a jóvenes de distintos países, garantizando su participación y continuidad.
De igual modo, se estima conveniente revisar los criterios de selección de los participantes, equilibrando inclusión y calidad. No se trata de excluir, sino de orientar mejor; priorizar la vocación de servicio, la madurez humana, la apertura al diálogo interdisciplinar y la capacidad de multiplicar los frutos en la vida pública. Este orden permitirá un uso responsable de los recursos académicos y financieros, y asegurará que cada participante
sea verdadero agente de esperanza en su entorno.

En la imagen: alumnos del X Diplomado Internacional tras la eucaristía celebrada en la Capilla del Coro, en Ciudad del Vaticano.
El Diplomado reafirmó, además, la comunión plena de la Academia con el Papa León XIV y con la misión universal de la Iglesia. La reciente exhortación Dilexi Te fue una constante referencia, especialmente la idea de que el amor que se dona sin esperar recompensa es la forma más alta de esperanza. Esa enseñanza se convirtió en criterio práctico para entender que la formación no es un fin en sí misma, sino una expresión del amor que sirve.
En este sentido, el encuentro de Roma marcó un punto de inflexión. Mostró que la Academia posee un capital humano y espiritual sólido, fruto de años de trabajo, pero que ahora necesita consolidar su sostenibilidad y abrir un nuevo ciclo generacional. La fidelidad al carisma fundacional pasa hoy por traducir la esperanza en decisiones concretas: acompañar a los jóvenes, garantizar su acceso a la formación, y tejer una red internacional de líderes que vivan su fe como servicio. Con esa convicción finalizó el Diplomado y la Academia renovó su misión y comprendió que su tarea principal es mantener viva la esperanza: esperanza que se enseña, esperanza que se
comparte, esperanza que se sirve.