Patronos del Diplomado
San Francisco de Asís
San Francisco de Asís será el patrono del XI Diplomado Internacional, y no por una razón simbólica o devocional superficial, sino porque su vida y su obra constituyen una de las propuestas más radicales, lúcidas y actuales de liderazgo cristiano que la Iglesia ha ofrecido al mundo.
Francisco nació en Asís a fines del siglo XII, en una familia acomodada, rodeado de privilegios, expectativas sociales y sueños de éxito. Como muchos líderes de su tiempo —y del nuestro—, comenzó buscando reconocimiento, gloria y pertenencia. Sin embargo, su historia no se transforma por una estrategia ni por un cálculo, sino por un encuentro. El encuentro con Cristo pobre y crucificado, que lo conduce a una conversión profunda, progresiva y exigente. Francisco no cambia de vida para huir del mundo, sino para habitarlo de otro modo.
Su conversión no fue inmediata ni romántica. Fue un proceso marcado por la enfermedad, el silencio, la escucha y el discernimiento. Al besar al leproso, Francisco rompe no solo una barrera social, sino una frontera interior. Aprende que el liderazgo cristiano comienza allí donde uno se deja tocar por el dolor del otro y reconoce en él un hermano. Ese gesto inaugura una nueva lógica: la del encuentro que transforma, la del amor que desarma, la de la autoridad que nace del servicio.
Francisco renuncia a los bienes, al apellido y a la seguridad no por desprecio a la materia, sino por libertad. Comprende que el apego —al dinero, al poder, al prestigio— limita la capacidad de amar y de escuchar a Dios. Su pobreza no es ideológica ni teatral; es una pobreza evangélica, concreta, gozosa, profundamente humana. Desde ella, Francisco anuncia un modo nuevo de vivir el Evangelio: sin intermediarios, sin privilegios, sin excusas
Su relación con la creación revela otra dimensión esencial de su liderazgo. Francisco no se coloca por encima del mundo creado, sino dentro de él. Llama hermano al sol y hermana a la luna porque reconoce una interdependencia radical entre todas las criaturas. En una época marcada por la crisis ambiental, su espiritualidad ofrece una clave decisiva: no hay cuidado de la creación sin conversión del corazón, ni ecología verdadera sin fraternidad. La creación no es un recurso; es un don que se recibe y se cuida.
Francisco también fue un hombre de paz en tiempos de guerra y conflicto. Su viaje al encuentro del sultán Malik al-Kamil, en plena cruzada, es uno de los gestos más audaces y proféticos de la historia cristiana. No va a negociar poder ni a imponer una verdad por la fuerza. Va a encontrarse, a escuchar, a testimoniar su fe sin violencia. Enseña que la paz no se construye desde la imposición, sino desde la valentía del diálogo y el respeto por el otro.
Como fundador de una fraternidad, Francisco propone un liderazgo comunitario, no jerárquico en el sentido mundano, sino relacional. No busca seguidores, sino hermanos. No acumula poder, sino que lo distribuye. Su autoridad nace de la coherencia entre palabra y vida. Por eso su testimonio atraviesa siglos y culturas: porque no habla desde un cargo, sino desde una vida entregada.
Para los líderes católicos que participarán del XI Diplomado Internacional en Roma y peregrinarán a Asís, Francisco no es solo un santo del pasado. Es un maestro para el presente. Su vida interpela especialmente a quienes ejercen responsabilidades públicas, educativas, pastorales y sociales. Francisco recuerda que no hay liderazgo cristiano sin humildad, que no hay transformación sin conversión personal, y que no hay misión sin una profunda vida interior.
Peregrinar a Asís es, en este sentido, más que un viaje geográfico. Es un camino espiritual. Es disponerse a dejarse interpelar por una vida que eligió el Evangelio sin atajos. Es escuchar, en medio del ruido del mundo contemporáneo, la misma pregunta que Francisco escuchó ante el crucifijo de San Damián: “¿No ves que mi casa está en ruinas?”. Y es animarse, como él, a responder no con discursos, sino con la propia vida.
Que San Francisco de Asís, patrono de este Diplomado, acompañe este camino formativo y espiritual, e inspire líderes capaces de unir fe y vida, contemplación y acción, verdad y misericordia, para servir con libertad, coraje y alegría en la Iglesia y en el mundo.